Cuando pensamos en riesgos laborales, es común pensar en fábricas, obras en construcción o trabajos de gran esfuerzo físico. Sin embargo el personal bancario, la atención comercial de escritorio y actividades afines enfrentan un enemigo silencioso relacionado con el puesto de trabajo.
Rutinas diarias condicionadas por la alta dependencia tecnológica, posición disergonómica, inmovilidad prolongada y alta carga de estrés, define un gesto laboral altamente demandante.
Concretamente pasar más de ocho horas diarias frente a una pantalla, bajo presión constante y con un margen mínimo de movimiento, tiene consecuencias directas no solo en el rendimiento, sino también en la calidad de vida de las personas.
A largo plazo la demanda en el puesto de trabajo y el impacto de la antigüedad acelera retiros voluntarios y pérdida de mano de obra altamente calificada.
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Así, la edad jubilatoria o el cese de tareas suele encontrar a los trabajadores con un deterioro de salud que obstaculiza el derecho a un envejecimiento saludable.
Los síntomas que erróneamente se naturalizan, pueden ser:
• Trastornos musculo esqueléticos, con dolores en columna secundario a posturas inadecuadas y diseño ergonómico deficiente del puesto de trabajo.
• Cefaleas tensionales y lesiones repetitivas, derivadas del uso intensivo del mouse, el teclado y el manejo constante de dinero u otros.
• Fatiga visual secundaria al esfuerzo ocular de alternar constantemente la mirada entre el monitor, los documentos impresos y el rostro del cliente.
Sin embargo, la salud laboral no es solo física. Un ecosistema de alta tensión psicológica relacionada al manejo de dinero y la responsabilidad legal sobre las transacciones. También, exigentes objetivos comerciales, alta demanda en la atención al público y la gestión diaria de usuarios insatisfechos.
La combinación de sedentarismo, inactividad física y alta tensión psicológica es un combo peligroso y es imperativo desarmar la trampa del escritorio.
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Para solucionar este problema no basta con comprar sillas costosas, renovar el equipamiento tecnológico o diseñar oficinas atractivas que sigan las modas de diseño.
Se requiere de una verdadera cultura de ergonomía participativa, acompañada de acciones de promoción y prevención de la salud, extensibles también al teletrabajo.
La encrucijada actual plantea la simple elección de seguir limitándose a mitigar las consecuencias o intervenir finalmente en el diseño mismo de la jornada laboral.
Implementar un plan integral de educación para la salud en este sector no solo beneficia al trabajador, tiene un impacto positivo en su entorno familiar y en la sociedad en general.
Para lograrlo, se puede avanzar en tres frentes:
1. Intervención Ergonómica con evaluación integral del puesto de trabajo, ajuste individualizado del equipamiento y optimización del espacio
2. Pausas Activas para interrumpir la inmovilidad prolongada, con breves rutinas de ejercicios, integradas durante la jornada de trabajo.
3. Promoción de la Salud y Gestión del Estrés. Educar y concientizar sobre la problemática.
En conclusión, invertir en la salud del trabajador asignado a tareas bancarias, y otras de escritorio no es un gasto operativo, es una decisión estratégica que protege el capital humano.
Rediseñar la jornada laboral y desactivar la trampa del escritorio, es anticipar el desgaste silencioso y atacar directamente al enemigo.
Lic. Gustavo Gheller es Fisioterapeuta, Lic. en Kinesiología y Fisiatría, especialista en Kinefisiatría Crítica, diplomado en Kinesiología del Trabajo, Ocupacional y Laboral g.gheller@hotmail.com
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