Estamos ante una puja entre la Justicia, los reclamos provinciales y la reciente reforma legislativa. Históricamente, la explotación de minerales como oro, cobre, plata y —en la actualidad— el litio, han sido una de las actividades productivas influyentes en la economía de la zona cordillerana de Argentina y países limítrofes. Argentina es poseedora de una inmensa riqueza mineral en provincias como Catamarca, La Rioja, San Juan, Mendoza (con sus regulaciones específicas), Santa Cruz y, por último, Jujuy y Salta con el auge del litio.
Sin embargo, en febrero del 2026 se produjo un cambio de escenario. La Cámara de Diputados de la Nación, dio sanción definitiva a la modificación de la Ley 26.639 de Presupuestos Mínimos para la Protección de los Glaciares y del Ambiente Periglacial, introduciendo dos cambios radicales:
• La Protección de los glaciares: Ahora esta puesta sobre glaciares y geoformas periglaciales que cumplan una “función hídrica efectiva” (un aporte comprobable de agua dulce).
• Federalización del control: Las provincias interesadas asumen la «patria potestad» y responsabilidad sobre los mismos.
Originalmente la Ley 26.639, sancionada en el año 2010, protegía a todos los glaciares y al ambiente periglacial sin importar su tamaño, garantizando reservas de agua para consumo, agricultura y recarga de cuencas. Y prohibía explícitamente, cualquier actividad industrial o minera que pudiera afectar su condición natural.

El dilema del «dónde» y el «cómo».
Esta ley fue el estándar durante años, pero hoy nos enfrentamos a una pelea legal por habilitar áreas ricas en recursos sin, teóricamente, comprometer los glaciares de gran aporte. Sin embargo, los intereses en esta problemática no deben ser meramente económicos o políticos, sino tocar de fondo la protección de la salud ambiental.
Aquí es donde la ingeniería entra en juego: ¿Qué actividades son realmente compatibles con la fragilidad de nuestras reservas?
La minería del siglo XXI es clave para la transición energética global, pero el agua que consumimos depende de un inventario natural que no admite errores de cálculo. ¿Podemos ser un país minero y, al mismo tiempo, un reservorio de agua dulce? La respuesta está en la rigurosidad de los controles.
El rol del Ingeniero en Ambiente
Aquí se activa nuestra función técnica: llevar a cabo Evaluaciones de Impacto Ambiental (EIA) que no solo detallen el entorno, sino que prevean planes de acción para impedir contaminaciones o daños irreversibles. No obstante, enfrentamos una realidad paralela: lo correcto no siempre va de la mano con el ritmo económico. Aunque los sistemas de extracción han mejorado, el «factor natural» implica riesgos de colapsos que no podemos ignorar.
El debate técnico se vuelve crítico, con el concepto de ‘función hídrica efectiva’. Al condicionar la protección a un aporte de agua inmediato y medible, la reforma corre el riesgo de ignorar el valor sistémico del ambiente periglacial. Estos suelos congelados y glaciares de escombros no siempre entregan agua de forma constante, sino que actúan como reservas estratégicas que se activan principalmente en ciclos de sequía extrema.
Definir qué geoforma es ‘útil’ basándose en mediciones estacionales, podría abrir una puerta legal para intervenir áreas que, aunque hoy parecen inactivas, son fundamentales para la resiliencia hídrica. Sin una metodología unificada, la ‘función hídrica’ corre el riesgo de convertirse en un tecnicismo para justificar la intervención en ecosistemas que la ciencia todavía considera irreemplazables.
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El factor de riesgo: diques de cola y sismicidad
El debate se reaviva ante el hallazgo de yacimientos con altas concentraciones de cobre y otros minerales estratégicos. Es necesario aclarar que, si bien la minería es una actividad milenaria, su evolución ha traído sistemas de extracción más eficiente, pero también un marco legal más riguroso que delimita áreas y exige controles exhaustivos.
La minería a cielo abierto transforma el relieve de manera irreversible; por ello, el foco debe estar en mitigar ese impacto. No basta con el autocontrol de las empresas; se requiere el compromiso de cada provincia —dueña originaria de sus recursos—, un control estatal independiente y una participación ciudadana real que valide los estudios de impacto ambiental.
Quizás el aspecto más crítico sea el uso intensivo del agua. Una vez utilizada en el proceso, esta contiene contaminantes y es derivada a los diques de cola. En la zona cordillerana, la alta actividad sísmica es un factor de riesgo que no podemos ignorar: fallas estructurales o filtraciones podrían comprometer seriamente la calidad del recurso hídrico aguas abajo.
Un dilema que se proyecta a futuro
La tecnología demandará cada vez más minerales para las energías limpias y nuestra vida cotidiana. ¿Podremos, en 20 años, equilibrar esta demanda con una extracción regulada? Esta no es una respuesta cerrada, sino una reflexión sobre la interconexión de nuestras acciones. Lo que sucede en la cordillera no queda en la montaña; si el control falla, La Pampa sufrirá las consecuencias en la calidad y el caudal de su agua. Es un conflicto que, tarde o temprano, nos afecta a todos.
¿Decirle sí a la minería es darle la espalda al ambiente?¿O es, en realidad, asumir el desafío de gestionar la complejidad? Como sociedad, enfrentamos una paradoja: necesitamos los minerales para la tecnología que hoy nos permite hablar de sostenibilidad. Pero ese «sí» tiene una condición innegociable: la rigurosidad técnica.
Un proyecto minero solo es válido si su ingeniería garantiza que el ecosistema seguirá funcionando mucho después del cierre de la mina.
El verdadero progreso no es extraer a cualquier costo, sino demostrar que podemos transformar la riqueza natural en desarrollo humano sin sacrificar el patrimonio hídrico.
Como ingenieros, nuestra ética no está en el ‘sí’ o el ‘no’ rotundo, sino en la vigilancia técnica que garantice que, en 20 años, el agua siga fluyendo hacia nuestras llanuras, sin nublarnos por intereses ajenos.
Guillermina Porcel Tavernelli. Ingeniera en Recursos Naturales y Medio Ambiente. Mujer, soñadora, curiosa e intuitiva, poseedora de pensamiento crítico guillerminatavernelli@gmail.com
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