Los resultados de la octava edición del Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA) 2025, publicados por la OCDE este septiembre del 2026 demostró un retroceso global en los aprendizajes en forma ecuménica, lo cual es realmente preocupante.
En la prueba PISA 2025, Argentina registró su desempeño más bajo de los últimos veinte años: obtuvo 367 puntos en Matemática (donde solo una cuarta parte de los alumnos alcanza los desempeños básicos), 389 puntos en Lectura (con un 59% por debajo del nivel mínimo de competencia) y 393 puntos en Ciencias (donde casi 6 de cada 10 estudiantes no logran los conocimientos fundamentales
Recordemos que las pruebas PISA evalúan cada tres años a estudiantes de 15 años en Lectura, Matemática y Ciencias, y que la edición 2025, con foco en Ciencias, evaluó a más de 760.000 estudiantes de 91 países, siendo la evaluación internacional más importante para medir competencias para la vida.
Pruebas PISA 2025: En Argentina participaron 412 escuelas y 11.093 estudiantes de 15 años de las 24 jurisdicciones.
Las causas del deterioro educativo en nuestro país vienen de antaño (décadas de los 90) cuando se realizó una reforma tomando al modelo español como paradigma a seguir y el cual demostró finalmente tener muchas falencias. Luego vino la reforma del 2006, corrigiendo los detalles macros, como la reestructuración de los ciclos educativos, pero sin hacer demasiado hincapié en el eje de toda reforma, como lo son el alumno y su docente. Los vientos progresistas hicieron el resto, imponiendo ideas absurdas que nada tienen que ver con la realidad laboral, y menos aún con la social.
Así la escuela se fue prostituyendo hasta ser transformada en un ente carente casi de sentído educativo, mientras mutaba a su actual papel de contención, reteniendo población a cualquier costo bajo el lema de su obligatoriedad, porque un alumno que sale del sistema educativo adeudando más de una docena de materias, es un alumno que lisa y llanamente a sido engañado por el sistema.
Resulta que cuando le quitamos el «derecho al fracaso» (posibilidad de repetir y afianzar saberes) de la mano de prerrogativas que solo son válidas en el ámbito escolar y finalmente lo enviamos a un mundo laboral; éste se encuentra ahora con un ambiente que le resulta hostil, ya que el horario y la autoridad se respetan y se premia la eficiencia y la iniciativa personal.
En el ámbito provincial debería revisarse nuestro tan vanagloriado paradigma de «inclusión con forceps» dónde en muchos casos extremos, se sobreexponen alumnos que debido a su marcada discapacidad, es simplemente revictimizarlo de una forma innecesaria.
Lo irónico de estás ideas progresistas es que en el afán de tratar de nivelar la supuesta desigualdad social preexistente terminó construyendo una brecha cada vez mayor entre los alumnos según su procedencia o su respaldo económico familiar, ya que quienes pudieron «huir» de la escuela pública, en busca de una educación de mayor calidad, lo hicieron.
Las escuela privadas tampoco es la panacea ya que en la mayoría de los casos su personal docente es el mismo que trabaja en las escuelas públicas, pero el control que se observa sobre el plantel docente y el alumnado hace que los resultados sean mejores, al registrarse menores índices de ausentismo docente y del alumnado, lo cual favorece la comprensión de procesos difíciles en materias como matemáticas o el desarrollo de la comprensión lectora.
Todo esto sin hablar del enorme esfuerzo que realizan muchas familias de clases medias para poder brindarle a sus hijos la oportunidad de tener una educación mejor.
Lamentablemente en la escuela pública se fue construyendo un modelo en el que el desapego al concepto de autoridad nos llevó a un libertinaje cada vez más difícil de controlar, mientras que la aversión a conceptos tales como esfuerzo y mérito han actuado en desmedro de la iniciativa personal en pos de la excelencia académica. Ser un buen alumno ya no otorga prestigio, sino que se a transformado en un boleto al bullying escolar.
Es lamentable observar adolescentes con una lectura discontinuada incapaces de interpretar las más básicas instrucciones, o jóvenes que detrás de un mostrador deben recurrir a la calculadora para realizar cálculos realmente básicos y que en realidad deberían poder hacerlo mentalmente, y ni pensar en disfrutar de un programa televisivo donde se valore el conocimiento, ya que esto es realmente utopía pura, debido a que las aberraciones que se escuchan lo transforman en un programa con tintes más humorístico que cultural.
El uso ilimitado de la tecnología por parte de los alumnos es una factor a tener en cuenta ya que producen permanente distracción, falta de concentración, alteraciones en el sueño, aislamiento y ansiedad. De hecho los dos países con mejores rendimiento en este tipo de evaluaciones (China y Singapur) ya han regulado su tenencia en el ámbito escolar. Debemos tener cuidado de malinterpretar la idea, ya que la tecnología no es la enemiga a vencer, sino que es una gran aliada que nos permite agilizar la actividad docente, pero siempre se deberá tener en cuenta el tiempo del adolescente frente a las pantallas y los contenidos a los cuales accede.
El desfinanciamiento de la educación es otro tema de larga data, ya que si bien en gobiernos anteriores hubo proyectos como «conectar igualdad» que achicó la brecha digital existente, la falta de control y el acceso a Internet, hizo de este costoso programa un fiasco.
En los últimos años, con un escenario de cambio de modelo político, económico e ideológico con preponderancia de actores de derecha en el país, no se observan transformaciones estructurales significativas en el ámbito educativo, por lo que me permito sostener que nos encontramos aún lejos de consolidar a la educación como una verdadera política de Estado, sostenida más allá de los cambios de gestión y con acuerdos a largo plazo.
José Daniel Fornerón DNI 16958597. Docente de Geografía en General Pico. josedanielforneron@hotmail.com
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