El fundador de la firma pampeana Aisplac pasó por la segunda temporada del podcast Ya No Hay Acá presentado por La Pampa Noticias, InfoPico e Infotec4.0. En una charla a fondo, repasó sus inicios tras la pérdida de su padre, su espíritu comerciante innato y cómo convirtió a su empresa en un referente nacional de la construcción en seco que emplea a decenas de familias locales.
La historia de Roberto Nicolás es, ante todo, una lección de resiliencia, intuición comercial y arraigo pampeano. A los 54 años, el fundador de Aisplac repasa su trayectoria con la sencillez de quien se hizo desde abajo. Su infancia en General Pico quedó marcada muy temprano: tras la pérdida de su padre en un accidente de tránsito cuando él tenía solo ocho años, asumió con naturalidad el rol de hermano mayor en una familia de cuatro hijos sostenida con esfuerzo por su madre, René.
«Desde muy pibe me gustaba trabajar. En la esquina de mi casa estaba el supermercado de Guarido e iba a armar paquetes de galletitas en cajas de chapa a los 7 u 8 años. Lo hacía porque me gustaba estar con la gente», recuerda Roberto sobre sus primeros pasos en el mundo laboral.
Ese impulso por buscar oportunidades se transformó en su motor vital. Mientras cursaba la secundaria en el Colegio Industrial de General Pico, Roberto ya viajaba a Munro en tren para traer ropa y revenderla, o distribuía productos en despensas locales. No le atraía la educación tradicional —de hecho, saldó la materia que le faltaba para terminar el secundario recién hace unos años como una promesa a su madre—, pero poseía una habilidad innata para los negocios y la venta.
Los cimientos: de los andamios al colectivo 1114
El germen de lo que hoy es Aisplac nació a los 17 años. Tras aprender el oficio de la obra seca y las instalaciones de la mano de un profesor del secundario, Roberto vislumbró una oportunidad de innovación: los cielorrasos desmontables, un sistema prácticamente desconocido en la región, dominada entonces por el machimbre y el yeso.
Con el apoyo incondicional de su madre —quien le prestó sus primeros cheques firmados para comprar insumos en Buenos Aires—, encaró sus primeras obras en localidades como Ingeniero Luiggi, Realicó y Huinca Renancó. Poco tiempo después, sus hermanos mellizos, Francisco y Fernando, se sumaron al proyecto.
Hitos en la historia de Aisplac
Inicio con mano de obra (17 años): Primeras obras de cielorrasos desmontables en el norte pampeano.
Logística improvisada: Compra de un colectivo Mercedes-Benz 1114 que servía simultáneamente de transporte, depósito y vivienda en las obras.
Diversificación: Incorporación de aislamiento con poliuretano expandido y distribución de lana de vidrio y placas de yeso.
Paso a la industria: Instalación de extrusoras de PVC en General Pico para fabricar sus propios paneles.
Actualidad: Más de 12.000 m² de galpones, flota propia, presencia en Zona Franca, exportación e importación e incursión en energía solar y arquitectura modular.
«Compramos un colectivo 1114, le abrimos el portón, cargábamos la mercadería y nos íbamos a las obras. Un colectivo era más barato que una camioneta; nos servía de casa, de transporte y de todo», evoca entre risas sobre aquellos años de trabajo incansable, donde la mejor publicidad era cumplir con la palabra empeñada y no pedir dinero por adelantado.
La transformación industrial: fabricar en La Pampa para todo el país
Con el paso de los años, el volumen de obras creció hasta exigir una logística monumental. Sin embargo, Nicolás comprendió a tiempo la necesidad de reconvertirse. Pasó de la colocación intensiva a la distribución y fabricación masiva de materiales para la construcción.
El gran salto cualitativo ocurrió cuando decidió dejar de depender de proveedores externos de PVC y comenzar a fabricar en su propia ciudad. Tras importar su primera máquina extrusora desde China —un proceso no exento de dolores de cabeza iniciales hasta dar con la formulación técnica adecuada—, la producción se multiplicó.
Hoy, Aisplac cuenta con cinco líneas de producción de última tecnología (incluyendo maquinaria italiana de alta precisión) en la Zona Franca de General Pico, con una capacidad para fabricar 2.500 metros diarios de PVC que se distribuyen de norte a sur del país, llegando a provincias como Misiones, Salta, Santiago del Estero y Entre Ríos.
Competir con el mundo sin perder la raíz
A pesar de repartir hoy su tiempo entre Argentina y España, y de viajar con frecuencia a Asia para incorporar tecnología y nuevos desarrollos, Roberto mantiene firme su compromiso con el desarrollo socioeconómico de La Pampa.
«A mí no me gustan las cosas fáciles. Hubiera sido mucho más sencillo irme a Buenos Aires, Rosario o Córdoba, pero quiero dar trabajo en Pico. ¿Cuántas empresas en la zona pueden sostener a 70 personas de forma directa más todo el empleo indirecto?», reflexiona el empresario.
Hoy, la firma no solo compite mano a mano con productos importados de China y Brasil —ofreciendo cortes a medida para evitar el desperdicio de obra y certificaciones de calidad como INTI y SENASA—, sino que sigue diversificándose. Entre sus unidades de negocio más recientes destacan la instalación de parques de energía solar para grandes empresas y cooperativas locales, y el desarrollo de módulos habitacionales y comerciales de vanguardia.
Aisplac es la demostración de que, con visión comercial, cultura de trabajo y persistencia, es posible construir un referente industrial de alcance nacional desde el corazón de la provincia de La Pampa.
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