Otra vez una adolescente desaparece. Otra vez una familia la busca desesperadamente. Otra vez una sociedad entera se conmueve. Y otra vez aparecen las mismas preguntas: ¿dónde estaba?, ¿con quién salía?, ¿por qué fue?, ¿qué hacía sola?, ¿qué ropa tenía puesta? Interpelaciones dirigidas todas a la víctima.
El reciente femicidio de Agostina Vega, una adolescente de apenas 14 años, volvió a conmover a la sociedad argentina y reabrió debates que, a más de una década del primer Ni Una Menos, siguen vigentes.
Frente a hechos de extrema violencia contra mujeres y niñas, persisten discursos que desplazan el foco hacia las conductas de las víctimas, mientras las preguntas sobre los agresores y las causas estructurales de la violencia continúan ocupando un lugar secundario. Este caso nos interpela como sociedad y nos invita a reflexionar sobre las miradas que aún sostenemos frente a la violencia de género.
Rara vez vemos el mismo nivel de investigación sobre quien ejerce la violencia. No nos preguntamos con igual insistencia quién es el agresor, qué antecedentes tenía, qué conductas fueron toleradas, ignoradas o minimizadas por su entorno. Pareciera que seguimos buscando explicaciones en las decisiones de las mujeres y niñas, en lugar de buscar respuestas en quienes las violentan.
Como sociedad exigimos justicia cada vez que ocurre un hecho que nos conmueve. Nos indignamos, compartimos publicaciones, reclamamos respuestas y presencia de las instituciones estatales y por supuesto, un actuar urgente y eficaz de la Justicia. Pero la verdadera transformación requiere también algo más profundo: revisar nuestras propias prácticas, nuestros discursos cotidianos y la forma en que abordamos la violencia de género.
Porque mientras sigamos interrogando a las víctimas para entender por qué fueron violentadas, estaremos dejando en un segundo plano la pregunta fundamental: ¿por qué hay hombres que ejercen violencia contra mujeres, adolescentes y niñas?
Ni Una Menos: reflexiones sobre una deuda cultural pendiente
Han pasado 11 años desde la primera marcha de Ni Una Menos. Más de una década de movilización, de conquistas y de visibilización. Sin embargo, frente a cada nuevo caso, observamos que persisten los mismos mecanismos de culpabilización, los mismos prejuicios y las mismas preguntas que desvían el foco.
La violencia de género no se previene controlando la vida de las mujeres. Se previene cuestionando las conductas violentas, desnaturalizando las relaciones de poder y comprometiéndonos activamente con una sociedad más igualitaria.
Quizás sea momento de dejar de preguntarnos qué hizo la víctima y empezar a preguntarnos, de una vez por todas, qué estamos haciendo como sociedad para impedir que siga habiendo victimarios.
El desafío ya no es únicamente visibilizar la violencia de género, sino transformar las prácticas y discursos que la sostienen. Cada vez que una mujer o una niña es víctima de violencia, la pregunta no debería ser qué hizo ella, sino qué falló como sociedad para que alguien creyera tener derecho a ejercer poder, control y violencia sobre su vida.
¿Qué estamos haciendo como sociedad para impedir que siga habiendo victimarios?
La construcción de una sociedad más justa no depende solamente de las leyes ni de las decisiones judiciales; exige un compromiso cotidiano de todos y todas para dejar de buscar respuestas en las víctimas y comenzar a exigirlas a los victimarios.
Sin embargo, también es cierto que, desde la primera marcha, realizada el 3 de junio de 2015, se logró una mayor visibilización y conciencia social sobre conductas que antes estaban naturalizadas. Hoy existe un reconocimiento más amplio de que la violencia no se limita a las agresiones físicas: también se identifican y condenan formas de violencia psicológica, económica, digital y laboral, así como distintas manifestaciones de acoso, control y aislamiento que afectan a muchas mujeres.
Nuevas leyes y proyectos a partir del Ni Una Menos
A nivel normativo, también hubo modificaciones y si bien Argentina ya contaba con la Ley 26.485 (2009) de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres, se impulsaron nuevas leyes como la Ley Brisa (2018), que creó un régimen de reparación económica para niñas, niños y adolescentes que perdieron a su madre o a alguno de sus progenitores a causa de violencia de género o intrafamiliar y la Ley Micaela (2019), que exige capacitaciones en género para quienes integran los tres poderes del Estado.
Si bien es cierto que hubo un fortalecimiento de las líneas de atención, equipos interdisciplinarios, áreas de género estatales y programas de acompañamiento para personas en situación de violencia, sigue habiendo muchos pendientes.
Los avances normativos y de concientización no siempre se traducen en las estadísticas que hoy tenemos. Continúan las respuestas judiciales tardías, la falta de recursos, la revictimización durante los procesos judiciales y las dificultades para garantizar una protección efectiva cuando existe el riesgo alto.
El mayo logro fue cambiar la conversación pública, poner en agenda la perspectiva de género. Pero el mayor desafío es transformar esa conciencia social en mecanismos de prevención y protección que lleguen a tiempo.
El debate ya no es si existe o no la violencia de género, sino cómo lograr que las herramientas disponibles sean efectivas para que no ocurran más tragedias.
Si sufrís violencia o conoces a alguien que está en una situación similar tenes herramientas concretas:
• Línea 144 (asesoramiento y contención ante situaciones de violencia de género)
• Denuncia en comisarías, fiscalías y juzgados.
• Solicitud de medidas de protección urgentes.
• Botón antipánico.
• Redes de acompañamiento familiar, comunitarias y de profesionales.
• Conservación de mensajes, imagenes, videos, capturas o pruebas de amenaza y hostigamiento.
• Asesoramiento jurídico temprano ante situaciones de control o violencia.
Si sos víctima o conocés a alguien que sufra Violencia de Género llamá al 144, disponible las 24 horas para asistencia y contención. También podés comunicarte al 137 por casos de Violencia Sexual, Familiar y de Grooming. Teléfono de guardia de la Secretaría de la Mujer de La Pampa para asistencia por situaciones de violencia de género: 2954-619368.
Lucia Heredia. Abogada de MSL Estudio. mslestudio3@gmail.com
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