“Un eslogan frente a la realidad de la discapacidad”
La discapacidad y su impacto en las personas forman parte del debate social; genera múltiples opiniones, mientras que las posibilidades de consenso parecen cada vez más lejanas.
La necesidad de un análisis crítico es evidente, al igual que la participación concreta y efectiva de los involucrados en la problemática. El impacto de la discapacidad en las personas y en su entorno familiar es complejo, cuenta con una limitada respuesta de las políticas públicas y carece de soluciones visibles en un futuro próximo.
La ausencia de acciones concretas o de reformas estructurales es la realidad actual e invita a reflexionar sobre la demagogia de la inclusión.
Pretender incluir a todos sin instalaciones adecuadas ni personal capacitado, es una utopía.
La educación «inclusiva»
La educación inclusiva forma parte de esta demagogia, con una visión muy alejada de la realidad que vulnera los derechos de las personas con discapacidad y genera exclusión. Los proyectos pedagógicos inclusivos están más relacionados con posicionamientos ideológicos y políticos que con las necesidades reales de los individuos.
Cambios permanentes e ineficaces en el tiempo permiten afirmar que la inclusión no solo se ha transformado en un simple eslogan de promoción política, sino que también ha actuado como una negación o minimización de la problemática real de la discapacidad.
La escolaridad de las personas con discapacidad, abordada históricamente por diferentes modelos, está lejos de encontrar las soluciones estructurales necesarias:
• Modelo de Prescindencia. Concebía la discapacidad como una carga social y desconocía el derecho a la escolaridad. La persona era objeto de exclusión y aislamiento social.
• Modelo Médico / Rehabilitador. Entendía la discapacidad como una enfermedad que debía tratarse para adaptar a la persona a la sociedad. La escolaridad se centraba en la educación especial bajo el concepto de integración.
• Modelo Social Actual. Establece que la discapacidad es el resultado de la interacción entre una persona con diversidad funcional y un entorno social que impone múltiples barreras.
La escolaridad inclusiva promueve el acceso universal y es más equitativa en relación con los derechos, pero suele ignorar la necesidad de ajustes razonables y de priorizar el apoyo personalizado como condición básica. Además, ignora que no todas las personas son susceptibles de una inclusión escolar efectiva en el contexto actual.
En un sistema educativo colapsado y atravesado por problemas estructurales, pretender incluir a todos sin instalaciones adecuadas ni personal capacitado, es una utopía. Desconocer la necesidad de evaluaciones integrales e individualizadas como complemento termina por excluir, aislar y maltratar a la persona.
Esta problemática se agrava en poblaciones pequeñas del interior, zonas rurales o de difícil acceso, donde la escasez de recursos y la dispersión geográfica magnifican la exclusión. Pensar la discapacidad desde grandes centros urbanos, sin contemplar estas realidades, es desconocer el modelo que se pretende implementar.
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Aunque la inclusión constituye uno de los fenómenos de mayor trascendencia de los últimos años, la realidad demuestra que la discapacidad permanece amarrada a la discriminación, la indiferencia y el sobre proteccionismo.
La demagogia de la inclusión desvía la atención y los recursos de quienes realmente luchan por la accesibilidad y la equidad.
Además, afecta directamente al personal docente y no docente, generando desgaste emocional y frustración intelectual ante la dificultad de enseñar en contextos inadecuados. También afecta, de forma involuntaria e indirecta, al resto de los alumnos. Ellos pueden ser los más inclusivos de la población escolar, pero necesitan guías capacitados y educación específica.
En conclusión, la utilización del concepto de inclusión de manera superficial o interesada, sin un compromiso real, es hacer demagogia.
Esto favorece la vulnerabilidad de las personas con discapacidad y limita su acceso no solo a la educación, sino también al mercado laboral, al transporte y a la salud integral.
Lic. Gustavo Gheller es Fisioterapeuta, Lic. en Kinesiología y Fisiatría, especialista en Kinefisiatría Crítica, diplomado en Kinesiología del Trabajo, Ocupacional y Laboral g.gheller@hotmail.com
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