Andrea Sanchez y Santiago Nuñez son una joven pareja que, a través del diseño de muebles, encontraron una salida económica, y hoy en día, un trabajo a tiempo completo en el cual complementan las habilidades de cada uno.
Santi es quien trabaja con sus manos, en el taller. Es el encargado, con un equipo que lo ayuda a trabajar la madera natural, la melamina y el pino. Andre está en los detalles de diseño y estética, en las tareas administrativas y la atención al cliente, y, sin ser un dato menor, estudia para terminar la carrera de Medicina.
Hacen a «gusto y piacere» del cliente: escritorios, valijeros, recibidores, placares, mesas, mesitas de arrime, alacenas, bajo mesadas, entre otros productos. Trabajan a medida y siguiendo el diseño que el cliente tiene en su mente.

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Santi en La Plata, estudiaba Ingeniería Mecánica, Andrea en Córdoba, Medicina. Desde ese entonces eran novios y mantenían una relación a distancia, estuvieron siete años de esa manera, hasta que la llegada de Antonio, su primer hijo, modificó los planes. «En ese momento ninguno de los dos se imaginó estar diseñando muebles en un futuro» señaló Andrea riendo. Sin embargo, las ganas de Santi de independizarse de trabajos mal pagos hizo que el emprendimiento vaya acercándose y haciéndose cada vez más palpable.
«Estaba cansado de hacer cosas para otro, así que empecé a hacer cosas para mí, y nos terminamos dedicando de lleno a esto cuando nos mudamos a Santa Rosa. Todos los empleos que tuvimos tenían malos horarios o nos pagaban mal. El hermano de Andre que es diseñador industrial, me invitó a hacer muebles con él en Córdoba. Aprendí un poco de él y también mirando videos. Soy habilidoso con las manos asique me fue fácil dentro de todo», recuerda Santi sobre los inicios del surgimiento de Roma Muebles.
Cuando todavía se encontraban en Córdoba y tímidamente empezando con la venta de muebles, llegó Feliciano, el segundo hijo de los chicos. Fue un momento de decisiones importantes que cambiaría el rumbo de la familia. Mudarse a Santa Rosa fue el puntapié para «rebuscárselas» y empezar con la fuerza necesaria el diseño y la venta de muebles a medida. «En un principio estábamos en la casa de la mamá de Santi, pero nos tuvimos que mudar a una casa con un garaje grande para utilizar como taller. El año pasado, con la pandemia, estuvimos colapsados con las ventas» rememora Andrea.
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Respetar el proceso. En estos dos años de puro diseño, el emprendimiento de Roma Muebles y Deco, no cesó de crecer. Del departamento en Córdoba al living de la mamá de Santi en Santa Rosa, de ahí a una casa alquilada con un garaje enorme que hizo por un tiempo de taller, y por último, el local y el taller en la calle Santiago Marzo Sur 1019.
«Siempre respetamos mucho el proceso de crecimiento, no nos apuramos, pero en un momento empezaron a haber muchas demandas, el taller no daba abasto, la gente también se empezó a acercar un montón a nuestra casa, así que empezamos a pensar en alguna vidriera. Nos daba miedo mudarnos acá», dice Andrea recordando aquella primera vez que vio este nuevo espacio el cual no le había «gustado mucho». Sin embargo, entre los dos lo reacomodaron, lo pintaron, hicieron un mural, aplicaron el piso de madera, y llegaron al resultado de tener un espacio pulcro, con diseño y bien ambientado.
«Es mirar para atrás y decir «wow» y agradecer. En el día a día un poco se pierde eso y se estresa, pero cuando paramos un poquito, nos damos cuenta del crecimiento y agradecemos» coinciden los chicos.
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Pico de ventas. Entre la cuarentena y la red social Instagram, Roma, desencadenó una serie de ventas a puro éxito. «La gente se quedó más en la casa y empezó a vivir el espacio de otra manera. Antes de la pandemia la gente invertía más en salidas, ropa, viajes, y como no se podía salir y solo estaban en sus casas, empezó a darle más importancia a las cosas del hogar. Eso ayudó mucho para visibilizarnos» reflexiona Andre.
Instagram cumplió un rol fundamental en el crecimiento de Roma, «fue todo» añade la pareja al unísono. Tienen una comunidad de nueve mil seguidores que interactúan activamente en la red.
La repercusión que tuvo el emprendimiento de los chicos en Santa Rosa fue «excelente», dicen. Tienen clientes que han amueblado toda la casa con productos de Roma y eso, para Santi y Andre significa «Un montón».
La modalidad que utilizan para vender a través de las redes sociales consta de un simple mensaje, el cliente se contacta con los chicos, y les cuenta cual es la idea, el espacio y las medidas que necesita. O si no también se puede concretar una cita para analizar el lugar y tomar las medidas. Ellos asesoran pensando en las necesidades del cliente para generar un impacto estético en el espacio y a la vez funcional.
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¿Un objetivo a largo o mediano plazo?
«Siempre quisimos tener el local. Y lo que queremos también es tener stock de muebles, que es a lo que nunca llegamos, y que es requerido por la gente. Nos gustaría agilizar la producción y además tener un local separado del taller» concluye la joven pareja de 34 años, con un largo camino por recorrer.
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