Hace poco escuché en un podcast a Carl Honoré, periodista canadiense, reflexionar sobre cómo los deadlines, multiproyectos, familia y actividades extralaborales —ese modo turbo constante— lo llevaron a «reconectar con su tortuga interior». Ese concepto me impactó y me llevó a preguntarme: ¿cuál es el tiempo justo? ¿A qué ritmo está bien vivir?
Claramente, la multitarea a la que nos acostumbramos está haciendo estragos silenciosamente en la sociedad. Llenar la agenda de actividades es lo que nos hace sentir tranquilos de que el tiempo está ocupado y que somos productivos. Sin una agenda apretada, no hay paz interior.
¿Por qué el tiempo libre nos pesa? ¿Qué pasa con el tiempo de ocio? ¿Por qué está castigado por la sociedad?
El mito del siglo XXI
Sin dudas, el multitasking es el gran mito de nuestro tiempo. La multitarea granula nuestra energía diariamente. Es una realidad que quienes practican multitasking constantemente procesan información de manera menos eficiente y cometen más errores que quienes se enfocan en una tarea por vez.
El cambio de marcha constante provoca un desgaste cognitivo tremendo. Cada vez que saltamos entre tareas, nuestro cerebro necesita tiempo para «resetear», los investigadores llaman a esto «switching cost«. Distintos estudios demuestran que después de una interrupción, toma en promedio 23 minutos recuperar completamente la concentración.
La transformación digital y la distracción constante
La transformación digital tiene mucho que ver con esto. Cómo nos relacionamos con la tecnología es una consecuencia clara de la distracción constante (entendiendo distracción como una interrupción de una cosa por otra, no como tiempo ocioso).
Ir a entrenar y en el descanso chequear WhatsApp. Salir a caminar y frenar para mandar un mail. Ir a una cena y que haya un «momento cyber» en la mesa donde todos vamos a Instagram a ver “qué está haciendo el resto”. Y así infinidad de ejemplos que, si los sigo enumerando, me generan culpa.
¿Qué pasa con «el fenómeno de la segunda pantalla«? Este viejo concepto desarrollado entre el 2013 y 2014, no solo no favorece a la dinámica actual del multitasking, sino que la intensifica. El 88% de las personas usan el celular mientras miran TV, dividiendo su atención entre múltiples flujos de información simultáneos.
La mala: somos adictos a la distracción y a la sobreestimulación.
La buena: es un comportamiento que se puede modificar.
La idea equivocada: rápido vs mejor
Vivimos obsesionados con la idea de hacerlo lo más rápido posible, no lo mejor posible. Pero ¿qué pasa cuando aceleramos nuestras vidas en vez de vivirlas?
Sin lugar a dudas, todo pierde calidad. El compromiso con el trabajo pasa a un segundo plano. Los encuentros sociales se vuelven superficiales. Las relaciones se transforman en algo líquido, como diría el sociólogo Zygmunt Bauman. No hay tiempo para la profundidad.
La necesidad de desacelerar
Necesitamos ir más lento. Necesitamos tener mejor calidad en todo lo que hacemos. Poner el foco ahí es clave.
El movimiento “Slow”, que Carl Honoré popularizó, no se trata de hacer todo lentamente, sino de encontrar el ritmo adecuado para cada situación. Se trata de calidad sobre cantidad, de conexión genuina sobre interacciones superficiales múltiples.
Es hora de cuestionar si realmente necesitamos estar en modo turbo constante, o si es momento de darle una oportunidad a nuestra tortuga interior.
Gonzalo Paz es Lic. en Comunicación Audiovisual y gerente de Estrategia Digital en Bioceres Crop Solutions gonzalobpaz@gmail.com
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