La historia de Haneen Naser, una joven de origen sirio que desde el 2016 vive en La Pampa es protagonista hoy de una nota en el diario Clarín. Refugiada de guerra y con un visado humanitario “Ahora el plan es acá” nos dijo en una entrevista con #LPN, junto a Besim, su novio pampeano.
Con el título «De Siria a La Pampa: se puede ser joven y confiar en el futuro del país» firmada por el periodista Federico Ladrón de Guevara, cuenta su historia de vida, su vida en Santa Rosa junto a su novio, de origen sirio libanés, y como ambos apuestan a emprender en el país, con su proyecto gastronómico Arabian La Pampa.
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[ En la cocina de la Asociación Árabe de Santa Rosa, en La Pampa, ya están listos los primeros paquetes: una porción de humus, diez hojas de parra, ocho kebbe, cuatro baklava. Es un festín de aromas y sabores, una sucesión de comidas bien condimentadas. Enseguida, Haneen Nasser, que llegó en julio de 2016 escapando de la guerra civil en Siria, se enfocará en la preparación del principal plato de la jornada: cuatro docenas de falafel.
“Por ahora sólo funcionamos los jueves, viernes y sábados. Con mi novio hacemos comida para llevar. Y le pagamos un alquiler simbólico a la Asociación por prestarnos la cocina… Pero nos va tan bien que estamos pensando en abrir un pequeño restaurante con algunas mesas, para que la gente pueda venir y disfrutar de nuestras recetas al mejor estilo árabe, con comida, música…”, cuenta Haneen, de 29 años, hablando en español sin titubeos.
-¿Ya pensaron el nombre para el local?
-Sí, el mismo que usamos ahora: Arabian La Pampa.
-¿Cuál es el plato que más les piden?
-El shawarma. A los argentinos les encanta. Para un evento, que puede ser un cumpleaños, un bautismo o un casamiento, llegamos a preparar hasta 200 de estos sándwiches. Y para eso utilizamos 30 kilos de ternera.
En su país, Haneen estudiaba fotografía e inglés.
Su «socio” entre las hornallas es Besim Assad, su pareja, un año mayor que ella, el mismo joven de la colectividad que, cuando Haneen pisó suelo pampeano, la ayudó como traductor (en inglés). “Fue amor a primera vista”, confiesa Besim. “La vi y sentí el flechazo… Al poco tiempo nos pusimos de novios. Y hace dos años que vivimos juntos. Haneen es muy graciosa… Y tiene un corazón muy grande. Además, igual que a mí, le encanta la música country”, agrega.
De espaldas anchas y con barba prolijamente recortada, como la que suelen lucir los galanes de las novelas turcas, Besim habla rápido, con entusiasmo, como quien vive un romance intenso y se ilusionara con que ese estado es para siempre.
“Besim es muy dulce, educado… Yo soy todo lo contrario. ¡No tengo paciencia! Y él me calma”, comenta Haneen, no menos acaramelada.
Como si se hubiera criado en esta parte del mundo, Haneen conversa en perfecto idioma «argento». Lo aprendió, como ella dice, «charlando con la gente». Menuda, morocha, de ojos marrones y cara angulada, habla y se ríe, se ríe y habla. Cada tanto, y como para dejar en claro que se ha integrado sin problemas a la cultura local, sorprende con el lunfardo y lanza “esto es un quilombo”.
“Estoy muy feliz”, confirma. “Tengo mucha esperanza en el futuro… Ahora, por ejemplo, y después de tres años de trabajo, pudimos comprar algunas máquinas, como la que usamos para preparar la masa de las empanadas árabes. Así todo se hace más rápido”, detalla.
“Estoy muy feliz” (…) “Tengo mucha esperanza en el futuro…”. Haneen lo dice y suena extraño, o al menos poco habitual. ¿Cómo hizo para alcanzar esa dicha en un país en crisis permanente? ¿Acaso no sufre a la Argentinacomo los miles de jóvenes que sueñan con abandonar el país? ]
Nota completa en clarin.com
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